Crear espacios de creatividad y autoconocimiento

Por María Jesús Parada

Durante esta pandemia, he estado activamente involucrada en un proyecto llamado Jardín Nativo de Aprendizaje, que se dedica a co construir con la comunidad educativa que está en las escuelas rurales un jardín de flora nativa al interior de la escuela e involucra a los niños, niñas, sus familias y sus profesores en un programa que integra aprendizajes propios del currículum con aprendizajes socioemocionales. Este jardín queda como una infraestructura de la escuela que tanto niños/as y adultos pueden habitar y dar uso.

El proyecto ha sido realmente transformador y me ha llevado a la convicción de que el desarrollo y el aprendizaje deben estar dirigidos a las dimensiones más profundas del ser humano.

He podido observar, en primera persona, cómo la experiencia de crear en la naturaleza, permite que los niños, niñas e incluso los adultos/as participantes tengan la oportunidad de reconocer su intuición, de sentirse a sí mismos y cómo lo que ocurre en su alrededor, les impacta en su propio cuerpo e historia. Esto ha sido determinante en el aprendizaje tanto académico como de reconocerse parte de la naturaleza.

Ser testigo de este aprendizaje en diferentes personas me ha llevado a reflexionar y a estudiar cómo podemos acompañar a nuestros/as niños/as en el camino a reconocerse como individuos únicos, es decir, en el conocimiento de quienes son y esto no tiene que ver solo con ideas que se tienen de uno/a mismo/a, sino también de que existan los espacios en el desarrollo para sentirse en relación con el mundo, a ser conscientes de quiénes y cómo somos y que por tanto podamos tener la confianza de nuestra acción en el entorno que nos rodea.

La posibilidad de explorarnos libremente, de conocernos e identificarnos, es una herramienta de una profundidad radical.

Un/a niño/a, que se reconoce y explora cómo le afecta el mundo, es capaz de hacer resonar lo qué hay fuera de sí con lo que hay dentro y al entrar en tal conexión es capaz de inspirarse y transformar su realidad.

Para que nuestros/as niño/as sepan cómo impactar en su contexto, necesitamos primero que todo, otorgarles espacios contenidos y, al mismo tiempo, de completa libertad para explorar, crear y sentir cómo se siente su reciente creación, sin “la contaminación” de la opinión o el discurso de un/a otro/a.

En general, se espera que en el desarrollo exista un aprendizaje de autoconocimiento, autonomía, independencia y resolución de conflictos, o esto está declarado en casi todos los planes de educación, sin embargo, tenemos escasas experiencias que nos lleven a la simpleza profunda de sentirnos y armarnos una opinión y un significado propio de cómo somos. La idea es generar autonomía auténtica y no solo desde el deber ser. Solo así, podremos comprender dónde nos desempeñaremos mejor en nuestro día a día.

Lo que aquí quiero describir, que a ratos suena abstracto y complejo, tiene en realidad un inicio bastante concreto y es por eso que les comparto, a continuación, algunas ideas para poder generar estos espacios de creatividad y autoconocimiento en la casa y en el colegio:

- Preguntas abiertas: Cuando establezcamos una conversación con nuestros/as niño/as experimentemos hacer la pregunta que tenemos en mente lo más abierta posible. Por ejemplo, en vez de decir: ¿Te gustó el paseo a la plaza?, decir ¿Qué cosas te gustaron de la plaza hoy?, de manera que acompañamos a los/as niños/as en la búsqueda hacia su interior de cotejar que cosas les gustaron y poder expresarlas.

- Juego libre: permitir a los niños y niñas tener momentos de juego totalmente libre, es decir, que puedan jugar a lo que ellos o ellas prefieran, en un entorno seguro. De esta manera, los niños y niñas tienen muchas instancias de elegir, aburrirse y volver a encontrar en su interior formas de pasarlo y sentirse bien.

- Juego dirigido Creativo y flexible: cuando nos demos el tiempo de jugar con niños/as, la invitación es a tener una actitud creativa y flexible. Por ejemplo, si estoy jugando con una pelota, ir variando el juego para que los niños y niñas puedan tener la oportunidad de experimentar y reconocer cuáles opciones le son más interesantes y entretenidas.

- Jugar a sus ideas: darnos el tiempo de ser humildes y jugar sus ideas, sin querer dirigir el juego, si no dejándonos llevar por los/as niño/as, esto le da la posibilidad a ello/as de confiar en su juego e ir probando variaciones.

- ¿A qué se parece?: una de las mejores formas de conocernos es ir comparando nuestras distintas percepciones, por eso es interesante ir jugando con los y las niñas a “ ¿A qué se parece?, este juego se puede jugar en muchos momentos del día y se trata de acompañar a los niños/as a reconocer sus sensaciones y su repertorio de experiencias asociadas a ellas. Por ejemplo, mientras está comiendo su comida favorita, un adulto puede preguntarle: “¿qué tal está? ¿Cómo se siente tu cuerpo? ¿A qué se parece esta sensación?”. Incluso puede ayudarle con un ejemplo, “cuando yo como mi comida favorita, mi cuerpo se siente tan bien, se parece mucho a cuando voy a la playa y tomo sol, mi cuerpo se siente muy alegre” y luego repetir la pregunta: ¿a qué se parece para ti este momento?”.

- Explorar la naturaleza en tiempo concreto: Poner en la semana un tiempo concreto de contemplación (De esto ya hemos hablado en otras columnas). Proponerse ir en familia y contemplar la naturaleza que tengamos a disposición (desde una mascota hasta un campo) no importa la cantidad de naturaleza, si no la calidad e intención que le demos a ese momento. Incluso una muy buena actividad podría ser, luego de ir a estar en la naturaleza, dibujar algo que cautivó nuestra atención o recoger algún tesoro natural como una hoja o un palito y conversar sobre porque nos llamó la atención.