“Quiero tiempo, pero tiempo no apurado. Tiempo de jugar que es el mejor

Por favor, me lo da suelto y no enjaulado adentro de un despertador.”

Marcha de Osìas. María Elena Walsh


Marzo, el mes de las adaptaciones… ¿hacia dónde vamos?

Marzo es el mes de las expectativas. Es que nos han enseñado que todo se renueva y es una oportunidad para recomenzar. Esta idea tiene algo de lindo y mucha ilusión y, a su vez, es un mes cargado de exigencias. Muchos se esfuerzan por tener todo listo: marcar todos los útiles de manera prolija, inscribir a los niños y niñas en talleres, intentar -este año si que sí- hacer un deporte, meterse a una clase, hacer las compras, volver el menú de la casa saludable, los trabajos lanzan nuevos proyectos y recibimos a los nuevos y nuevas del equipo.

Es un mes - que aún cuando tratamos de hacer malabarismos y nos preparamos para él-, solemos quedar exhaustos/as de la máquina incesante y sentir que la vida nos pasa por encima. Atrás, muy atrás, quedan las vacaciones. De pronto sentimos que ya ha pasado mucho desde que los niños/as estuvieron en casa y muchas familias se sienten cansadas de los meses de panoramas con los niños/as y hablan de necesitar “vacaciones de las vacaciones”.

Esta vorágine que nos pasa a nosotros/as los/as adulto/as, también les pasa a nuestros/as niño/as. El año con un ritmo y con una temporalidad que recién -a esa edad- están asimilando, presenta desafíos y emociones propias de comenzar un nuevo año. La sensación generalizada de ritmo y estrés la sienten de alguna u otra forma en sus cuerpos y las asimilan de diferentes maneras.

Erick Fromm, destacado psicoanalista, decía que todas las emociones que sentimos y no se canalizan se vuelven destructivas.

El estrés que yo misma he sentido en mi cuerpo en Marzo y la idea que venimos conversando hace tiempo de habitar y estar bien, me han llevado a investigar y a valorar la importancia de que Marzo, Abril y ojalá cada día del calendario -pero en especial el inicio del año-, debemos cuidar que sea el mes del cobijo emocional para nuestros niños y niñas y el mes de que los adultos responsables y cuidadores, seamos sobre todo cuidadores emocionales y capaces de ajustar nuestras expectativas a los desafíos que mejor pondrán en desarrollo a cada niño/a.

“Una mamá me contaba que su hijo de 8 años, que va a un colegio Montessori, estaba muy

angustiado porque cada mañana tenía que elegir en qué trabajar y no lograba ese momento. Terminaba saliendo de la sala o molestando a los compañeros y compañeras. A él le es muy desafiante poder planificar y este momento matutino le dejaba en blanco. En el colegio esperaban de él, al igual que de sus 25 compañeros/as, autonomía ´adecuada a su edad´. La conversación se ha centrado en ajustar el mejor objetivo para que él pueda disfrutar de su aprendizaje de manera armónica y motivante, que sea un desafío donde él se vea capaz emocionalmente ya que lo cognitivo no es un problema para él. Así, las profesoras comprendieron que el verse incapaz, encendía una alarma emocional y esto bloqueaba su aprendizaje. Desde ahora le ayudarán a elegir dándole dos o tres alternativas y mediando para que él las organice para su trabajo autónomo”.


De nada sirve tener niños brillantes académicamente sino pueden gestionar y regular sus

emociones, ésta es la llave para aprender todo lo demás. La educación emocional debe ser la base de nuestra educación, la amabilidad con uno mismo y los demás ya se ha estudiado

neurocientíficamente y se dice que es la máxima expresión de la inteligencia humana (Conangla, 2022). Más aún, un estudio inglés concluye que la actitud hacia nosotros mismos y los demás modifica la anatomía del cerebro (Castellanos 2022).

Para lograr asumir estos desafíos desde un lugar centrado y amable, desde un lugar regulado y de bienestar, propongo que la vida no pase sobre nosotros, sino vaya con nosotros/as y enseñar a nuestros/as niñas/os con pequeñas acciones cotidianas a detenerse y cambiar la perspectiva y el tono afectivo.

Para esto me parecen relevantes dos puntos: los rituales diarios y trabajar por gestionar las

emociones y ser un modelo emocional como adulto/as.

Cada día, buscar y realizar pequeños momentos para poder integrar el día con nuestras emociones:

- Agradecer por el nuevo día

- Decir lo mejor del día y lo que fue desafiante

- Preguntarse si hay algún amigo/a enfermo y llamarle

- Contar un cuento y dar gracias por ese momento en familia


Poner en línea nuestras emociones y nuestros sentimientos, nos va volviendo seres

“Sentipensantes”, y esto es lo que queremos, que lo que pensamos haga sinergia con lo que sentimos y se refleje en nuestro desempeño cotidiano. (M.C. Moraes y S. De La Torre, 2005).

Niños y niñas mejor conectados consigo mismo/as, con una sensación física de bienestar y alegría.

Para eso – y aquí viene el segundo punto- los adultos y adultas, tenemos que darnos tiempo para que Marzo no nos venga como una ola, y revolcarnos con el inicio de año, sino encarnar estos principios, buscar espacios de regulación para nosotros/as mismas, aprender a gestionar nuestras emociones y que así nuestros niños y niñas tengan modelos de referencia agradecidos, cuidadosos de sí mismos. La infancia aprende las emociones a través de modelos. (Gloria M. M. Mazza 2022).

Los niños y niñas entonces sabrán que hay un mundo fuera y un mundo interior que hay que cuidar y disfrutar, gestionar y vivir y que hay un entorno que les acompaña para habitar esto de una forma segura y afectiva.