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La vida desde un metro

por Braintoys .

Por María Jesús Parada


La mayoría de los adultos y las adultas nos despertamos teniendo en nuestra mente un orden cronológico del día que viene por delante. Las mentes más organizadas incluso se duermen pensando qué actividades harán cuando ya amanezca el día. 

Cuando cuidamos de niños y niñas, solemos hablarles como si ellos tuvieran también en sus mentes esos horarios y esa línea del tiempo que corre a través del día. 

Solemos decirles comentarios como “en la tarde pasará esto..” “has la tarea a tiempo”, “llevas mucho tiempo jugando a eso” “Esperame un rato y ya vengo”. A veces, nos aburrimos de las preguntas: ¿Cuánto falta? o ¿Cuándo es mi cumpleaños? 

Y esto no es con una mala intención, si no que muchas veces no sabemos que el tiempo no corre igual por el cuerpo y la mente de nuestros niños y niñas, y que todo el desarrollo temporal está recién gestándose en su experiencia. Recién a los 5 años los niños/as van configurando esta dimensión de manera de distinguir ayer, con hoy y mañana. Es por esto que estas preguntas continuarán, ya que para ellos/as media hora o un día no tiene límite temporal. 

El tiempo ha sido estudiado por variadas disciplinas que han querido dar respuesta a cómo funciona en nuestro cerebro e historia. 

El tener dimensiones acertadas del tiempo nos permite un sentido de seguridad, de organización y de ejecución exitosos en nuestro entorno y con ello aceptación y sentido de logro. 

Gracias a esta dimensión, soy como niño/a capaz de saber cuánto tiempo toma una tarea escolar, en cuánto tiempo tendré un momento de descanso, cómo organizar una rutina de levantada y cuánto tiempo toma cada actividad de esta rutina. 

Cuando hablamos de tiempo, necesitamos saber que no hay una estructura interna a cargo de esta función. Si bien existen ritmos internos y externos que nos hablan de temporalidad (ritmos circadianos / día y noche), la temporalidad la vamos entendiendo en relación a nuestro cuerpo, los sucesos, mi autorregulación y el entorno. 

De este modo, al ir estableciéndose ritmos, rutinas y estructuras que ayudan a los niños y niñas a dimensionar el tiempo, el cuerpo y el cerebro van grabando estos tramos temporales. 

A partir de diversas investigaciones hoy sabemos que no hay una sola estructura que cumpla la función de reloj interno, sin embargo sabemos que varias estructuras como el cerebelo, los ganglios basales, el lóbulo temporal y frontal, van ocupando diferentes roles, sincronizándose y ayudándonos a marcar la noción de tiempo. (Correa at.el. 2006) 

Y entonces… qué podemos hacer?... MUCHO!!! Y esa es la buena noticia.

Todos/as nosotros/as aprendemos sobre el mundo a través de nuestros sentidos, y uno de los estímulos que tiene más potencia en la infancia temprana y media es la percepción visual como un elemento fundamental para ir interiorizando el paso del tiempo. Así los niños y las niñas van “coleccionando” datos que les permiten saber con mayor exactitud que podemos hacer. 

Guía visual a lo largo del día:

Como padres y madres o adultos que apoyamos a la familia, podemos construir un horario visual. Para los/as niños/as pequeños puede ser con imágenes y para los/as más grande, escritos. Esto puede quedar puesto en una zona visible como el refrigerador o un panel de la familia o, incluso, en la pieza de cada niño/a. Esto ayuda a ir situando en cada momento del día las diferentes actividades, dando una noción de secuencia temporal. Además permite organización y sensación de logro.


Guía visual dentro de una actividad: 

Podemos secuencias cualquier actividad que hagamos de manera de parcelar el tiempo y lograr una mayor comprensión de este. Un buen ejemplo es cuando hacemos una receta, podemos jugar con los niños/as a mirar los pasos de la receta en un video y luego hacer una lista de ellos, de manera de poder observar qué viene primero y qué acción viene después, y segmentar en pequeñas unidades de tiempo. Esto también se puede realizar segmentando actividades, como por ejemplo, preparar la mochila para el colegio. 

Organizar el juego puede ser una muy buena forma de integrar el tiempo. 

Les ayuda a entender la duración de turnos y la secuencia de juego. 

 

Utilizar reloj de color: 

Si combinamos la realización de las actividades con un calendario visual y un reloj que muestra el avance del tiempo, entonces estaremos acompañando el desarrollo de la temporalidad con mayor efectividad. 

Los relojes de arena, temporizadores y relojes de cocina ayudan y son una buena posibilidad, sin embargo mi favorito es el que podemos “ver” como el tiempo se va escondiendo e ir calculando los tiempos que nos quedan para la actividad. 

También un excelente recurso y que a muchos niños y niñas les ayuda en el desarrollo del tiempo, es la idea de pintar el reloj y hacer una simbología en fotos o en palabras según la edad de los niños/as. 

Para terminar, si agregamos siempre un discurso que comprenda su proceso de aprendizaje - “Mira afuera, está oscuro ¡y mira la hora que es! Las 8, hora de dormir”-, podremos generar una comprensión mayor del tiempo e ir aprovechando cada momento de la vida cotidiana como una oportunidad de alcanzar un sentido más íntegro de la temporalidad. 


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