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Poner límites para poder entender y abordar la vida

por Braintoys .

El año escolar llegó de pronto y sabemos, de antemano, que este año probablemente será una transición: desde una época de crisis sanitaria a una vuelta a una “normalidad”. Probablemente tengamos días de colegio online y días de colegio presencial, en algunos casos será todos los días de una forma, en otros recintos han tenido que intercalar, todo esto si la crisis se mantiene y los números nos acompañan, pero en definitiva no sabremos si la semana que viene se podrá o no ir a estudiar.

Leer este párrafo supone un nivel de estrés alto para las personas adultas. Nosotras- las personas adultas, que -en teoría- podemos proyectarnos en el tiempo y calcular “qué pasaría si”; nosotras que podemos observar los días y los meses a largo plazo, que podemos barajar los límites, y que ya hemos tenido muchas oportunidades para poner en juego nuevos planes que podrán ayudarnos a flexibilizar en un año tan desafiante… nos estresamos ante este párrafo.

Incluso así, con tantos años de aprendizaje, estos son días que nos ponen en juego totalmente y, me atrevería a decir que, independiente a nuestra realidad, de alguna u otra forma nos vemos afectados.

¿Pueden imaginarse para un niño/a lo que puede ser este tiempo de vaivén, en una etapa donde la temporalidad está en desarrollo y los planes cambian de manera vertiginosa sin que ellos/as alcancen a ver el siguiente plan?

Con esto me refiero a que nosotras, las personas adultas, podemos decir “hoy no habrá clases, pero mañana y el viernes sí”, e imaginarnos exactamente la temporalidad de eso y decidir nuestros planes en entorno a esta situación. Para los/as niños/as, sobre todo los menores de 7 años, la temporalidad es presente. Aun cuando pueden reconocer que hay algo que pasó ayer y algo que pasará mañana, este sentido del tiempo no está del todo desarrollado y, además, dependen de nosotros los adultos, en gran medida, para reestructurar sus planes.

Hoy quiero hablar de los límites y cómo estos pueden ayudar a nuestro/as niño/as en estos momentos tan inciertos, donde la única certeza es que estamos en un momento de transición.

En estas semanas he visto como varias de las familias que vienen a la consulta están teniendo desenlaces cotidianos exitosos, gracias a los límites claros y la anticipación (que también es un límite). Al ver esto he decidido poner por escrito, la experiencia de estas familias de manera de ser puente y aportar a otras vivencias.

Mucho se conoce de los límites, en cuanto a una mirada de manejo de las conductas, la necesidad de que “los/as niño/as se porten bien”, y de que puedan aprender lo que está bien/mal, adecuado/inadecuado, obediente/desobediente.

Pero la verdad quiero hablar de los límites en cuanto le permiten a los/as niños/as entender de qué se trata la vida. Entiendo por límites toda explicación, ejemplificación o esfuerzo por explicitar a los/as niños/as hasta dónde llega la experiencia y el campo de acción.

Los límites actúan de manera profunda a nivel cognitivo, emocional y social, y todas aquellas acepciones asociadas al comportamiento son solo una consecuencia de acompañar el desarrollo con límites.

Los límites proveen a los niños/as de seguridad, permiten a los niños/as saber la forma que tiene un acontecimiento, y de este modo, saber cómo es y qué lugar le cabe en él.

Desde este espacio seguro, el cerebro del niño, puede desplegar un sinfín de habilidades, y es sobre esto lo que quiero hacer hincapié.

Los límites no son, desde el acompañamiento respetuoso de los niños, un elemento de ejercer poder, si no son una herramienta para mostrarle a los/as niños/as el mundo y cómo este interactúa con el niño y viceversa.

Explicitaré hoy dos formas de límites que se han repetido en estos días en la consulta y donde, he podido ir aprendiendo en conjunto con las familias, de alternativas para otorgar a los/as niños/as.

Estos son la anticipación y los límites en la negociación.

En la anticipación es importante servirnos de herramientas que logren acompañar al niño en la experiencia acorde a su edad. Por ejemplo, podemos pegar un horario en casa, con fotos si es que el niño no sabe leer.

Gabriel de 4 años se mostraba muy inquieto al ir al colegio día por medio, se negaba a vestirse por las mañanas y estaba irritable todo el día. Los padres decidieron hacer un calendario en casa para que Gabriel supiera que es lo que está ocurriendo y porque todos los días cambian de manera tan drástica sin que él pueda hacer nada por ello.

“La próxima semana el colegio será Lunes, Miércoles y Viernes, tal como te muestro en este dibujo de la semana que hicimos. El día Martes y Jueves, haremos tareas en la mesa de la cocina/en tu escritorio/en el comedor. Hoy estamos en el día que marca la flecha roja. Cada vez que necesites puedes venir a ver esta foto, porque a veces nos olvidamos en qué día estamos, pronto ya lo vas a poder aprender”

Gabriel comenzó cada tarde a ver qué venía el día siguiente, sabía que el día que se quedaba en casa podía desayunar con su mamá y luego hacer tareas. Comenzó a mostrar menos ansiedad, a estar más atento en las clases y a llevar mejor los cambios de cada día.

Al llevar la idea a papel, permitimos que la temporalidad se vuelva concreta, con la flecha roja ubicamos temporalmente, y con la seguridad de que puede acudir siempre a ver la imagen, le otorgamos la posibilidad de planear en torno a la situación.

Esto es solo un ejemplo y una invitación a probar nuevas formas que sean acordes a la edad de los/as niños/as y a su realidad familiar. Hay tantas ideas como familias en el mundo.


En la negociación, lo más relevante es negociar con ítems que realmente estamos dispuestos y seguros que aportarán al desarrollo y llevar la negociación a una pregunta donde los/as niños/as sepan que están en un terreno en que la decisión que toman está al alcance de su edad.

Tomás está en primero básico y le tocó en el grupo B. El grupo B iba a clases semana por medio. La semana que le tocaba ir al colegio, Tomás iba contento y reportaba un buen despliegue de sus habilidades. Sin embargo, la semana que se quedaba en casa, a pesar de que sus padres disponían de una mesa y un lugar para estar en clases Tomás, no quería hacerlo, los padres referían que se comportaba de manera muy desobediente, a pesar de que ellos intentaban hablar con él. Al grabar la escena y revisarlo juntos nos dimos cuenta que la rutina se desenlazaba así:

“Tomás a despertarse,

- ¿Vamos a tomar una leche?

- ¿Qué tal si nos duchamos?

- ¿Pongámonos la ropa para ir a conectarnos?

- ¿Vamos a sentarnos en la silla del comedor?

- ¿Llevemos el estuche?

- ¿Prendamos la cámara?”

Tomás al tener toda esta información y no entender realmente el límite de su acción, respondía a todo que no. Su mamá se enojaba, entristecía y angustiaba y comenzaba un tira y afloje que volvía el ambiente muy tenso.

Los padres comenzaron a practicar mostrarle los límites de acción y le mostraron dónde podía elegir.

Así, la dinámica comenzó a cambiar:

“Tomás a despertarse:

- Vamos a tomar desayuno, ¿quieres la leche en vaso o con bombilla?

- Hay que ducharse, ¿te quieres vestir en mi pieza o en la tuya?

- Es momento de hacer las tareas, ¿quieres estar solo o te acompaño?”

Así Tomás comenzó a comprender la rutina del día y qué tipo de cosas podía elegir y cuáles no. También se sintió tranquilo de poder opinar sobre algunas cosas, las cuales era capaz de decidir.

Con esto quiero recalcar que dar límites no es dejar de escuchar la voz de los niños, si no permitirles entender cómo es el mundo, cómo son las rutinas y dar organización a su mundo.

También con esto, no quiero simplificar lo complejo que está siendo para la mayoría de las familias llevar a cabo el proceso escolar. Sino más bien compartir algunas claves que podrían acompañar a llevar de forma más exitosa el proceso y aportar a los niños/as y sus familias y lo más importante, generar un espacio para que cada familia que sienta que lo necesita, pueda detenerse y encontrar entre todos sus integrantes nuevas formas en las que todos tengan las mismas posibilidades de sentirse seguros y ver los límites en estos tiempos de incertidumbres.


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