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Una oportunidad para construir significados de vida

por Braintoys .

Esta semana me han llegado importantes noticias sobre el alza de las adicciones a los videojuegos. Noticias que alertan a las familias y les proponen a los padres y madres exigencias acerca de cómo detener el consumo de pantallas en esta difícil cotidianidad pandémica. Esto pone a los papás y mamás, una vez más, frente al gran desafío de decir NO, repetidas veces en el día a día. Si bien creo que los límites son esenciales para el desarrollo, he estado buscando formas de apoyar a las familias, permitiendo que los padres y las madres tengan espacios donde se sientan altamente efectivos en su crianza. Sentirse altamente efectivos y capaces de generar e inculcar un entorno familiar agradable, es lo que, probablemente, permitirá cotidianamente tener la fuerza y la perseverancia de poder guiar con límites y tener éxito.

En medio de este contexto, he ido proponiendo a algunas familias la creación de rituales positivos en casa y he ido viendo cómo esto le da oportunidad a papás y mamás de generar una estrategia que tiene por objetivo el espacio, contenido y seguro, de poner en valor las cosas que como familia consideran importantes. Aquellas cosas que cada cuidador/a anhela traspasar o compartir genuinamente con la generación venidera. He ido hipotetizando, algo que de seguro debe estar muy estudiado: cómo estos espacios también aportan de manera importante en el desarrollo de criterio y de autonomía en los niños y niñas.

Según la Asociación Americana de Terapia Ocupacional, los rituales están definidos como: “Acciones simbólicas con significado espiritual, cultural o social que contribuyen a la identidad de la persona y refuerza valores y creencias. Los rituales tienen un fuerte componente afectivo y consisten en una colección de eventos” (Fiese, 2007; Fiese et al., 2002; Segal, 2004).

Bajo esta definición, no necesitamos ideas complejas, sino más bien acciones simples y constantes que puedan evocar y reforzar los valores y creencias que como familia quieren desarrollar.

Seguramente, muchas de las familias ya hacen rituales y pueden, con esta idea que describo, intencionar y enriquecer más aún esos espacios o darle cabida a nuevos momentos.

Sumado a ello, los rituales son afectos al tiempo emocional y social en el que la familia está inserta y se afecta por las trayectorias del desarrollo que cada integrante esté viviendo.

Los rituales pueden darse individual y colectivamente y bajo mi opinión clínica, constituyen un espacio de autocuidado por excelencia. Al practicar uno en familia, también estamos ayudando o dando pie para que cada miembro de esta pueda practicar algunos en su individualidad.

Así por ejemplo, tal como una familia que conozco instauró el ritual de decir una cosa que le gustó y una que le desagradó del día, cada noche antes de dormir; así también una de sus hijas de 9 años instauró que transformaría sus mañanas aburridas por ser la primera en despertarse, en el momento donde pinta en su croquera. Hoy, ella identifica este espacio como un momento muy importante y valioso, donde hace algo que le gusta mucho y “le da paz”.

Cuando como familia, comparten un ritual se comparten elementos en todos los niveles de desarrollo: emocional, social y físicos, y se genera un espacio repleto de significados y aprendizajes.

Hay tantos rituales como mentes y corazones en el mundo. Es por esto que aquí les dejo algunos tips y ejemplos para crear un nuevo ritual en familia.

1) Piensen en ideas de actividades o acciones que podrían disfrutar en familia:

Estas tienen que:

- Considerar que este acorde a la edad de desarrollo de todos sus miembros.

- Ser realistas en frecuencia y en duración para poder lograr instaurarla.

- Tener como objetivo el poder habitar en familia aquellos valores y creencias

que quisieran disfrutar.

2) La propuesta:

La forma de presentar la idea puede variar según la edad y la dinámica de la familia. En algunos casos convendrá realizar el ritual y luego comentar el deseo de repetirlo con una frecuencia. Por ejemplo, para una niña de 5 años sería más adecuado decirle: “Margarita, ¿Qué fue lo que más te gustó en este día? Y luego el papá o la mamá le puede comentar que le gusto a ella/él. Y luego decirle “Me encantaría hacer esto todos los días”, y simplemente repetirlo cada día. En cambio, probablemente a un hijo adolescente de 15 años, tenga que contarle la idea que tengo, de tal manera que él pueda aportar sobre la propuesta.

3) Ejecutar el ritual y disfrutar. Anticiparse si se necesita algún material.

Para animarlos, pondré de ejemplo un ritual que instauró hace un tiempo una familia que acompaño. Este consistía en que cada mañana, antes de salir, los integrantes decían un propósito para el día. Al principio para ellos/as era algo divertido, y no es que ahora no lo sea, sino que la mamá me cuenta que se ha transformado en un espacio de comunicación y de saber en qué están sus hijo/as e incluso, en algunos días en que todo está más acelerado, les ha servido como pareja para ir viendo en qué estado está la familia.

Otra mamá que vive sola con su hijo adolescente, me contó que instauraron un día de película comentada y que esto ha sido muy bueno para ir conociéndose y acompañando procesos de su hijo adolescente.

En mi familia extendida, existía el ritual de navidad de hacer botitas de papel, para que el viejito pascuero las llenara de dulces para la noche de navidad. Y ese ritual que comenzaron mis papás y mis tíos/as lo seguimos haciendo con los hijos/as de nuestra generación y definitivamente nos constituye como familia y representa valores de comunidad que queremos conservar y nos da un sentido profundo de pertenencia.

En este último ejemplo, creo que hay un valor clave: la recuperación y/o mantención de rituales o aspectos de la historia familiar que nos enriquecen como familia. Así pienso en una adolescente que esta semana me comentó lo feliz que estaba cocinando las recetas de su abuelita y compartiéndolas con su familia; o en la familia que empezaron juntos a respirar profundo en las mañanas y disponerse para el día como lo hacía antiguamente sus abuelos en el campo.

Es un desafío describir la multiplicidad de efectos que puede tener un ritual. Se asemeja a la complejidad de un tejido sinfín y es probable que inunde muchos aspectos inimaginables de la historia de una persona. Como una gotita que cae de una en una y deja un surco para toda la vida. Así los/as invito a pensar en esta nueva propuesta para sembrar y cosechar en familia, cualquiera sea su forma y las edades de quienes la componen. Eso es lo potente del ritual, todos/as, a su ritmo, pueden participar.


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  • Leonor Torres Boch en

    Me encanta leer tus columnas. Siempre son muy claras y muy fáciles de entender. Denotan sobretodo, un gran profesionalismo.


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